MY WAY…
El día en que me “adelante en el camino” no me gustaría que les “agarren las carreras” y que la …
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Tuna incandescente. Águila sin alas. Serpiente de estrellas. Aquí nos tocó. Qué le vamos a hacer. En la región más …
El cimbrarse del suelo antecede la aparente calma, hormigueantes indicios de adrenalina confirman la fuga de cascos inquietos que decidieron …
Elige de forma que si tuvieras que vivir tu vida de nuevo, pudieras hacerlo sin temor.
F. Nietzsche
Antiguo mercader que conoció tierras, mares y cielos gracias a su oficio: la Compra-Venta de historias de vida. No poseía más que un par de caballos y una carreta repleta de libros, papiros, cuadernos, pergaminos y una que otra página suelta.
Solitario gitano que iba de poblado en poblado, se instalaba en la plazoleta principal y se sentaba a esperar que los curiosos se acercaran a él preguntando por la mercancía, “Son libros mágicos” —decía— “… narran historias de vida y quien los lee tiene la fortuna o la desgracia de convertirse en el protagonista, todo depende del que escojan. No tienen precio, la única condición para quien quiera alguno es que me entregue a cambio su historia y la consigna es que de ahora en adelante deberá abocarse a darle un final al libro que se llevó”.
Los ejemplares no podían hojearse, el mercader sólo daba la oportunidad de elegir el material por el título o género, él llevaba una estricta clasificación así que eran los únicos criterios por los que los interesados se podían guiar. Así mismo ellos debían de darle escrita su historia o bien narrarla y él era el encargado de formar el documento para después intercambiarlo en la siguiente aldea. Había ocasiones en que pasaba largas temporadas en ciertos lugares, ya que los relatos eran épicas de viajes de mil leguas que formaban varios volúmenes y a veces no duraba más que una tarde su estancia y se llevaba unas cuantas cuartillas solamente.
Sin embargo el azaroso personaje no volvía a ningún lugar que visitaba, por lo tanto los que tenían la ocasión de toparse con él e intercambiar su historia no podían reclamar ni regresar el libro que habían elegido y era una pérdida de tiempo tratar de buscarlo en los pueblos cercanos, ya que él antes de partir hacía la aclaración: “Volveré cuando la historia esté completa, sólo recuerden que mi ruta es tan aleatoria como la de un cometa”.
Pocos prestaban atención a tal advertencia y preferían llamarse incautos, la fama del gitano recorrió reinos enteros, señalado como embaucador por unos y como redentor por otros. Los juglares contaban sus hazañas y la suerte de aquellos con quienes hizo tratos. Pero no había condena que pudiera caer sobre él, ya que no lucraba con la mercancía.
Por años no tuvieron noticias de su persona, hasta que sólo quedaron anécdotas y al no encontrar ninguna evidencia de su paso, de sus libros, de su carreta o de sus caballos se empezó a crear la leyenda.
Se decía que el mercader llegaba en su carreta al lecho de muerte, recogía el libro que había dejado años atrás con los capítulos concluidos y les aclaraba a las almas: “No cambié nada, tu siempre elegiste la historia, yo sólo fui quien te dio las páginas cuando te sentiste defraudado por tu historia de vida y creíste que ya no había más por escribir”.
Y entonces partía hacia el cielo la carreta tirada por caballos, con el libro y el alma a la velocidad de un cometa para seguir confabulando historias.
Misterioso gitano, que va con el Destino a cuestas.
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